El ingreso de los nacimientos a las instituciones médicas, la estandarización de su atención y el discurso del miedo, gracias al cual se logró la rápida aceptación social de esos dos fenómenos, nos han llevado a creer que el único lugar seguro y la única posibilidad viable para un nacimiento es dentro de una institución. Y esto ha relegado en el imaginario cultural a la opción de parir en casa como algo negligente, inseguro y completamente improvisado. Sin embargo, el Parto Planificado en Domicilio (PPD) es un modelo de atención perinatal que tiene lugar en nuestro país y alrededor del mundo (Canadá, Reino Unido, Holanda, entre otros) y que por supuesto se basa en la evidencia médica, científica y social actualizada. No reniega de la institución, ni de la ciencia; por el contrario, se apoya en ellas para garantizar la seguridad y la mejor atención posible para cada familia. De hecho, los países que reportan mejores índices de bienestar materno-fetal y satisfacción por parte de las familias son aquellos donde el PPD está incluido dentro de la oferta formal, llegando incluso a recomendarse desde el Estado como la primera opción. A través de décadas de experiencia, tanto nacional como internacional, se han ido delineando los parámetros teóricos y prácticos en los cuales se sientan las bases de la seguridad, el bienestar y la garantía de derechos de las mujeres, sus hijos/as y sus familias.

Un modelo sencillo

No es difícil de entender el modelo del PPD, pero inmersos/as en un imaginario cultural que equipara el embarazo y el parto a situaciones patológicas, riesgosas y de peligro inminente, es necesario desarticular muchos prejuicios, poner en cuestionamiento muchos paradigmas aprendidos. Ante todo, el modelo del PPD entiende el embarazo, el trabajo de parto, el parto y el posparto como hechos saludables y fisiológicos, lo que significa, entre otras cosas, que no se los interviene medicamente salvo que sea necesario. No está de más recordar que esta mirada no es caprichosa, sino que está avalada por la evidencia médica, científica y social. Esto por supuesto difiere diametralmente del modelo de atención hegemónico donde lo habitual es que todos los nacimientos sean intervenidos de manera rutinaria, ya que se entiende el parto como una patología que debe ser tratada. El PPD habla de salud; el sistema médico hegemónico, de “riesgo”. Esto que podría parecer una mera cuestión de términos, en realidad, determina toda la práctica médica que vendrá después y el rol que ocuparán el equipo obstétrico, la mujer y su familia. La mujer, dentro del modelo del PPD, ocupa el centro, es la protagonista y la principal figura de toma de decisiones, un lugar que podrá compartir a elección con la pareja y/o familia que la acompaña. La mujer es una persona autónoma y no una paciente-pasiva, y eso deberá ser garantizado de manera activa por el equipo obstétrico que la asiste, para lo cual deberá brindar toda la información necesaria y oportuna, así como las herramientas para que pueda elegir paso a paso, desde un vínculo de seguridad y confianza que la ubique en el centro de la situación.

Y, por su parte, el equipo obstétrico recupera su lugar al lado de la mujer y la familia como figura privilegiada que da sostén desde su saber y experiencia en un momento trascendental y único. Que conoce no solo el estado clínico de quienes asiste o que solo tiene en cuenta la parte médica que le corresponde, sino que es invitado a participar y conocer el entramado social y emocional de cada familia, entendiendo la salud en su sentido más amplio. Y recupera el valor de ese trabajo integral, paciente, humano y cercano, ese estar al “servicio de… ” que suele motivar el ingreso a la Facultad de Medicina. Revaloriza la importancia del profesional en función del vínculo que establece, la mirada particular y dedicada sobre cada situación y, por supuesto, su experiencia y saber, pero no en relación a la cantidad de intervenciones (innecesarias la gran mayoría) que podría realizar para justificar su presencia.

En cuanto a las intervenciones médicas, regresan al lugar que les corresponde: en la sombra, como extras que podrán ser o no requeridos en función del proceso concreto de cada nacimiento y no como una cadena de sucesos inevitables y universales. No se trata de nunca intervenir o de siempre hacerlo, sino de hacerlo cuando es realmente necesario y siempre con una mujer que con información elige.

¿Y cómo se materializa?

* El PPD es un modelo de atención pensando para mujeres sanas, con embarazos sanos y bebés sanos, lo que en obstetricia se considera el “bajo riesgo”, un criterio que según datos de la Organización Mundial de la Salud se cumple en más del 80% de los nacimientos.

* Durante el embarazo, se realiza el seguimiento oportuno y correcto, tal y como marcan las guías de atención nacionales y las recomendaciones internacionales. Pero no solamente cuenta lo físico, la parte emocional y psicológica juegan un papel fundamental, por ello se cuenta con el tiempo necesario para aclarar dudas y compartir información de manera horizontal: escuchar a la mujer/familia en sus expectativas y deseos en cuanto al proceso que está viviendo, construir un vínculo de confianza y conocimiento mutuo. Al menos, una de estas entrevistas se realiza en la casa de la mujer/familia. Este seguimiento es el que permite evaluar paso a paso que el proceso se mantiene en el camino de la salud.

* El PPD se planifica siempre con acompañamiento de profesionales de la salud. Las/os profesionales consideradas idóneas/os para tal fin son los/ las parteras (licenciados/as en Obstetricia) en total autonomía, aunque en Argentina también existen equipos conformados por obstetras, neonatólogos/ as y/o médicos/as generalistas. Durante el trabajo de parto y el parto, la labor del equipo obstétrico será acompañar desde la atenta observación y calma, ayudando a crear un entorno que favorezca el desarrollo fisiológico y el respeto por la libertad y autonomía de la mujer e interviniendo solo de ser necesario y con autorización de la persona gestante. Los equipos deben ser conformados por lo menos por dos profesionales, quienes al momento del parto/nacimiento acudirán al domicilio con todos los insumos médicos necesarios para tal fin. El acompañamiento posparto también se contempla, tanto en el posparto inmediato (de al menos dos horas a partir del alumbramiento) como las visitas posteriores para evaluar el bienestar de la mujer y el/la bebé.

* Gracias al correcto tamizaje que resulta del seguimiento prenatal y de la atención durante el trabajo de parto y parto, se pueden detectar a tiempo las situaciones en las cuales el proceso se corre de la salud y la fisiología, de manera que se deriva, se interviene en el domicilio o se traslada oportunamente al centro de atención médica, siempre con una mujer informada, que elige y autoriza.

* El PPD incluye un plan de traslado o derivación a una institución pública o privada en caso de necesidad. Este se establece de común acuerdo con la mujer/familia en función de su cobertura de salud y la distancia al centro de referencia. Aproximadamente un 10% de los casos requieren de un traslado, y la causa más frecuente es el cansancio materno.

* La epidemiología local e internacional y estudios metodológicamente confiables que comparan partos ocurridos en instituciones de salud con partos ocurridos en domicilios, ambos de personas gestantes de similares características, demuestran que los partos planificados en domicilio son tanto para la mujer como para el bebé igual de seguros. A su vez, las tasas de intervenciones médicas sobre el proceso del parto y del recién nacido son significativamente más bajas en los partos planificados en domicilios, a la par que se reporta un mayor índice de bienestar emocional y mejor estado integral de salud materno-fetal.

Lic. Francisco Saraceno Esparza  M.N. 8039 – M.P. 51154

 

 

Bibliografía

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