Construir salud y bienestar en sentido amplio, implica construir vínculos horizontales, de confianza y de reconocimiento mutuo que promuevan experiencias satisfactorias, plenas y de poder. Cambiar la manera como entendemos la relación médicx-“paciente” y el rol que cada unx ocupa, como protagonista (mujeres y familias) y acompañante (equipo médico) es de vital importancia para transformar el paradigma cultural que legitima la violencia obstétrica. La labor de lxs profesionales de la salud excede los aspectos clínicos, ellxs son también responsables de garantizar la autonomía, libertad y el ejercicio pleno de los derechos de la persona gestante y su familia. Cuestionar profundamente el lugar y los privilegios que socialmente se les han asignadx y bajo los cuales se siguen formado, como “héroes/heroínas” responsables de la vida y la muerte y por ende con vía libre para intervenir y apropiarse del cuerpo y el proceso que otrx está viviendo; es una tarea que requiere profunda valentía y compromiso con su vocación, pero sin la cual el cambio hacia modelos de atención garantes de derechos y saludables es imposible.